Ángel Haro y José Miguel López Catalán aterrizaron en un Betis inestable entre 2014 y 2015 a fuerza de comprar paquetes pequeños y medianos de acciones que les fueron dando una cuota suficientemente relevante en un contexto tan complejo como la judicialización total del club (tanto en su gestión como en su propiedad). No era fácil dar ese paso puesto que otros anteriormente cayeron fulminados, achicharrados, cuando se acercaban a un club infestado de luchas intestinas, donde cada esquina era una trinchera y con una maraña de pleitos que espantaban todo lo bueno que podía haber alrededor, con actores tan…
Vía: Al final de la palmera






