La pasión por el fútbol tiene unos límites insospechados. Aunque uno nazca en Filipinas puede sentirse igual de madridista, culé, deportivista o bético que cualquier otro aficionado del club. Más complejo, aunque igual de inexplicable, es que una familia defienda los colores de dos equipos rivales por antonomasia. Y es que, en una familia de…
Vía: El desmarque
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